CONCLUSION
La educación se encuentra interpelada por el discurso de la calidad. Hasta el momento, los posicionamientos se han centrado en la inclusión y aceptación sin matices de criterios mercantiles y economicistas. La asunción de tales planteamientos o la inacción suponen que el espacio educativo se convierta en un lugar antipedagógico. En el presente artículo mostramos nuestra preocupación por tal situación, al tiempo que se ofrecen de forma sucinta algunas ventanas que el mundo educativo nos ha proporcionado para invitar a la reflexión. En todo caso, como educadores parece inaplazable realizar un proceso reflexivo y participante que nos indique posibles vías de futuro, muestre a la clase política la necesidad de un rumbo verdaderamente educativo del sistema escolar y evite la intromisión mercantil y excluyente en nuestras aulas.


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