En este sentido, en Educación cualquier proyecto de mejora pasa por un proyecto de desarrollo profesional del profesorado. No hablamos aquí de "formación del profesorado" sino de "desarrollo profesional". Mientras que el primer concepto se basa en la metáfora del tomate maduro, el segundo se basa en la metáfora del viaje. La metáfora del tomate maduro busca los factores que permiten que el profesorado madure finalmente para ser capaz de acometer su tarea y le ofrece al profesorado unas buenas condiciones de maduración: cursos, jornadas, congresos, seminarios; la metáfora del viaje visualiza al profesorado como una persona que decide emprender un viaje y que se pregunta si lleva en su equipaje todo lo necesario para el viaje: pasaporte, ropa, artículos de aseo, calzado, etc. Quien viaja lo hace a partir de sus propias experiencias anteriores, considerando qué necesita para este nuevo viaje y buscando aquello que echa en falta.
El desarrollo profesional está relacionado con las situaciones que vive la institución y sus miembros, los problemas que surgen y las soluciones que se necesitan; está relacionado con el desarrollo de proyectos, la aplicación de recursos a la práctica y la evaluación de estos proyectos en relación con la resolución de los problemas. El desarrollo profesional puede implicar innovación, aunque no necesariamente: a veces lo más innovador es simplemente que se cumpla lo esperado, lo normativo o lo habitual.
Una escuela que delega la implementación práctica de su proyecto educativo, el desarrollo de su propio modelo didáctico, en las instituciones de las cuales forma parte es una escuela que anula el desarrollo profesional de sus miembros y, por ende, conlleva ausencia de compromiso, implicación y actitud proactiva por parte de los mismos.

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