Tradicionalmente, según explica Acosta, en las actividades socioeconómicas ha predominado el espíritu analítico, que trabaja sobre lo que ya existe, y se basa, primordialmente, en la información. Este espíritu analítico es suficiente para aplicar soluciones conocidas, pero para innovar, para superar el dominio de lo ya existente, esas cualidades han de complementarse con el espíritu creativo. En el trabajo, las personas creativas son útiles porque suelen ver la realidad de otra manera, con lo cual obtienen soluciones alternativas a problemas de dificultad para los que muy pocos encuentran respuestas. Pero, en contra de lo que generalmente se piensa, no es más creativo quien tiene las ideas más extravagantes. En realidad, la creatividad está más relacionada con el número de respuestas que se pueden encontrar a cualquier problema.
Hay una cosa clara: todo el mundo puede potenciar esta habilidad en el trabajo, siempre y cuando no haya obstáculos, como la falta de compañeros creativos, estar rodeados de compañeros que no admiten cambios o de jefes que no dan margen para desarrollar la capacidad creativa. Estas barreras limitan la capacidad de innovar.

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