Es natural que este ambiente haya causado la desidia en mí y en muchos más. Estos años nos hemos dedicado a estudiar, trabajar, y a familia, aficiones y amigos, y hemos asumido que la política era una cuota que se pagaba en el IRPF y que nos ocupaba apenas unas horas cada pocos años y alguna conversación de sobremesa. Criticábamos, pero no nos sentíamos responsables.
Mal hecho y quizá mi generación debiera pedir disculpas a la siguiente. ¿Por qué? Porque estoy convencido de que gran parte de nuestros males de hoy vienen de nuestra falta de interés en la política. Eso ha impedido la vigilancia crítica de los dirigentes y también ha reducido las vocaciones de gente valiosa, espantadas con las dinámicas internas de los partidos y sobre todo, la falta de reputación de la profesión, enfangada en casos de corrupción. En paralelo, tampoco hemos sido muy dados a construir una " sociedad civil" que actuara de contrapeso, que es otro tema en el que tenemos déficit con otras sociedades.
Me siento completamente reflejado en este análisis. Sobre todo con esta frase que viene después: "Mi generación cometió el error de hacer "outsourcing" de la política, y eso ha contribuido a lo que vemos hoy".
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