En resumen, es un verdadero quebradero de cabeza cambiar una enseñanza estandarizada por un modelo más flexible, adaptado a cada situación y necesidad específica, porque el sistema es muy interdependiente y poco o nada modular.
Dicho en plata: un profesor que trata de hacer cambios en el funcionamiento generalizado va tocando las narices a todo el mundo, negociando contenidos, enredando horarios, modificando distribuciones, ocupando espacios ajenos, etc.
Es evidente que cuando un profesor decide emplear las nuevas tecnologías digitales en su docencia inevitablemente se está planteando nuevos retos y desafíos de su profesionalidad. Este proceso de innovación de su práctica docente no es fácil ni se logra en poco tiempo. Por ello quisiera destacar la idea básica y central de que la planificación de actividades con tecnologías no puede realizarse de modo espontáneo y azaroso, sino que debe partir de un modelo educativo que las guíe y les de coherencia. Hemos de insistir que la actividad cobra sentido pedagógico no por la mera realización de la misma, sino porque ésta es parte de un proceso más amplio dirigido a promover ciertas lmetas de aprendizaje que subyacen a un determinado modelo de educación. Lo contrario sería caer en puro activismo, es decir, hacer cosas con los ordenadores, pero sin continuidad ni significado educativo. Es evitar lo que Sancho (2006) califica como el “vacío pedagógico” de muchas propuestas, proyectos y experiencias de aplicación de las TIC a la educación.
0 Comments