Como docente me comprometo seriamente con un verdadero cambio educativo siempre que los prescriptores de este cambio:
- Den tiempo para comprender y asumir el sentido del cambio en el que voy a participar.
- Permitan poner en cuestión mis hábitos y creencias profesionales sin apresurarme o culpabilizarme.
- Ofrezcan formación ad hoc seria e intelectualmente rigurosa.
- Brinden ejemplos reales de los cambios propuestos, llevados a la práctica, sin ocultarme sus carencias.
- Proporcionen oportunidades para la reflexión profesional, liberándome de lo urgente para abordar lo importante del nuevo contexto.
- Dejen expresar las disconformidades y las dudas razonables.
- Involucren en el proceso a los demás estamentos educativos.
- Cedan la decisión del ritmo de implementación del cambio a los que vamos a llevarlo a cabo.
- Reconozcan el derecho a personalizar las formas que el cambio adopte en cada entorno específico de trabajo.
- Valoren las mejoras, incluso si son pequeñas o provisionales.
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