Escuchemos a Rocio

Para darnos cuenta de muchas de las cosas que hemos de cambiar yo obligaría a todos los profesores a estar un par de días sentados de 8 a 14 h en un aula como alumnos, personalmente eso sería el mayor castigo que imponerme pudieran.

En mi ikastola, los alumnos de 1º y 2º de bachillerato se tragan 32 horas semanales sentados escuchando discursos asépticos emocionalmente y monótonos académicamente hablando (consecuencias de los años que sus profesores llevamos soltando la misma murga año tras año) y aún nos quejamos porque se pasan las horas sin hacernos caso. En concreto los lunes, martes y miércoles se pasan, sin salir del centro (por cierto, centro diseñado hace ya 40 años a imagen y semejanza de residencias, cárceles y similares de aquella época), sin salir prácticamente del mismo aula, la friolera de siete horas seguidas, de las 08:30 de la mañana a las 15:30 de la tarde. Y todavía nos quejamos porque no nos prestan atención cuando les damos clase a sexta hora.

Eso si, en cursos de formación de menos de dos horas, he visto a profesores que se quejan prestando atención a todo menos al profesor, con la excusa de que la clase es un tostón. Pedimos a nuestros alumnos que nos soporten sin rechistar cuando no somos capaces de aguantar ni la cuarta parte de lo que aguantan ellos. Que hipócritas somos.

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Esto no es una crisis, es un cambio histórico

Esto no es sólo una crisis económica, estamos ante unmomento de cambio histórico: la era industrial y todas sus instituciones se han quedado sin energía.

¿No salva nada?

Periódicos, universidades, corporaciones, gobiernos, educación, sistemas de salud, red de energías..., todo está basado en modelos de la era industrial, y están fallando.

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Lo que pensé durante el EGF10

Ante todo esto no puedo dejar de plantearme la siguiente cuestión: Yo, profesor de carne y hueso, que dentro de un cuarto de hora debo entrar en clase, luego de estar refugiado en mi departamento para no oír la algarabía del patio, que luego de que suene el segundo timbre comenzaré a explicar una lección y ya nadie podrá entrar ni salir del aula hasta que vuelva a sonar el timbre, y cuando esto ocurra los alumnos se levantarán de sus sillas, aunque yo no haya terminado mi explicación, como liberados de una circunstancia en la que no se reconocen y de la que desean liberarse lo antes posible; yo, profesor de a pié, qué me puede suceder cuando pregunte: ¿qué queréis aprender, o qué deseáis hacer?

Pues eso, ¿cómo transformar aquello que en la nube "suena a melodía celestial" en "verdades terrenales"? O cómo reconvertirse de profe en ángel (si se me permite la analogía).

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El proyecto Baselga

Hablamos mucho de cómo mejorar y cambiar la educación en las conversaciones de sobremesa, en los medios de comunicación y en las publicaciones especializadas, pero tenemos mucha práctica descoordinada, sin objetivos y proyectos bien definidos. En general no sabemos plantear procesos cooperativos con masa crítica a medio plazo, estructurados en base a las aportaciones de la investigación más actual en diversos campos de experiencia, procesos en los que a la vez aporte, genere y aplique nuevo conocimiento relevante. Hacemos investigación educativa pero sufrimos de una crónica incapacidad de llevar a nuestro día a día los avances en ciencia y psicología cognitivas, en modelos de organización y de gestión, en sistemas de información, en liderazgo, en diseño y ergonomía, en motivación y participación, entre otros. O somos investigadores y profesionales (digo profesionales para que esto no es un asunto exclusivo del profesorado sino también afecta intensamente a los directivos y administradores de la educación) o sólo continuaremos haciendo más de lo mismo, sin avanzar a fondo en la resolución de los problemas fundamentales de la educación y en la mejor satisfacción de las necesidades humanas.

Cuando hace ya unos cuantos añitos llegué a la red inmediatamente quedé embargado, por un lado, de un espíritu de “buenrollismo” exagerado del cual incluso llegué a hacer militancia entre aquellos que me leían (de lo cual, al cabo del tiempo, me siento, en cierta manera, un poco avergonzado); y por otro, de una sensación de certeza de que iba a ser en la red donde iba a encontrar la solución a los problemas que, por entonces, creía tenía el modelo de escuela en el que participaba.

Esto último es consecuencia de que la red está repleta de propuestas innovadoras, de nuevas teorías del aprendizaje, de modelos que describen soluciones teóricas a nuestros problemas del día a día. Se encuentran infinidad de casos de buenas prácticas, de propuestas didácticas rompedoras desarrolladas por profesores y profesoras que ponen a disposición de todo el mundo sus experiencias. Ante semejante aluvión de propuestas, cuya difusión se ha vista amplificada aún más con la llegada de las redes sociales, es difícil abstraerse un momento de lo que está ocurriendo y analizar con detenimiento qué es lo que realmente puede contribuir a construir soluciones a nivel de centro. Se citan y se reenvían de un lado para otro de manera masiva ideas y teorías, fruto algunas de la investigación, otras de la propia experiencia docente y otras, no se sabe muy bien, si fruto de la emoción o de las ganas de sentirnos participes de los descubrimientos de gurús y gurusas y que a base de difundirse por toda la red adquieren forma de teoría (me viene ahora mismito a la cabeza el mito de la multitarea en los nativos digitales: ayer era algo completamente cierto, hoy parece ser que ya no es del todo así).

En fin, que teniendo delante tanto y todo tan bueno, estaba convencido de que el cambio debía llegar si o si, más temprano que tarde. Y, sin embargo, no ha sido así. Y no me refiero al cambio de mi propia práctica docente que, aunque es cierto que supone mucho trabajo y dedicación, en el fondo, es lo más sencillo. Me refiero a cambios a nivel estructural, de gestión, de modelo de centro; cambiar “nosotros” más que cambiar “yo”. Durante un tiempo me sentí en cierta manera agobiado por el hecho de que ante tanta evidencia, ante tantos buenos ejemplos, me fuera prácticamente imposible aplicarlos para el cambio y la mejora de mi propio entorno.

Ha pasado ya un tiempo desde aquella fiebre de “hyppismo digital” (si se me permite). Ahora me he pasado al otro lado ;-), a cierta distancia de lo que ocurre en el mundillo de la educación y la red y creo que pasa mucho de lo que afirma Ferran en su magnífico artículo. La red, genera inercias y modas, provoca que ideas y teorías (en muchos casos poco contrastadas) tomen carácter de verdad absoluta. Se crean expectativas y se genera optimismo alrededor de ellas en un gremio, que por otra parte, está muy necesitado de ellas. Pienso que mucho conocimiento distribuido por la red y que supuestamente tiene repercusión directa en nuestra profesión, es poco o nada relevante. Hay mucho “hype” en la red que apenas ha tenido relevancia a la hora de llevar el cambio a los centros, de plantear soluciones reales; los que de verdad nos sentimos comprometidos en ese objetivo (yo, por lo menos así me siento) creo que deberíamos reflexionar acerca de todo esto.

Se habla mucho del espíritu colaborativo y de la capacidad de compartir en la nube, pero veo muy poco desarrollado ese espíritu a ras de suelo, a nivel de centro, quizás porque compartir y colaborar dentro del centro no tiene la repercusión mediática que adquiere en la red y que a todos nos reconforta tanto. Quizás sea por eso que veo muchos proyectos de profe pero pocos de centro. Leo mucho de cambios en la práctica docente pero poco sobre cambios reales a nivel de proyecto educativo, estructural, organizacional y de gestión dentro de la escuela. Poca cosa encuentro que haga referencia a profesionales que, más allá de iniciativas individuales, promueven el cambio dentro de las comunidades a las que pertenecen, que se dedican a reformar o renovar procesos clave como los que indica Ferran.

Creo que el gran reto pendiente es empezar a contribuir y compartir al saco común dentro de nuestros centros, cuanto más diferentes sean los ámbitos que intervengan mejor (hay que romper de una vez con departamentos, ciclos, etapas o especilidades); separar lo importante de lo prescindible, lo posible de lo factible; contextualizar las ideas y las teorias a la realidad de cada centro, haciéndolas entendibles y asumibles por parte de aquellos que están implicados en los procesos de cambio; analizar las prioridades y marcar unos objetivos realizables; y hacer, hacer en equipo, colaborar, y a la vez, aprender haciendo.

Es un proceso complicado, difícil de coordinar y dinamizar. Supone muchas veces ir a contracorriente, ser crítico con muchas de las verdades absolutas que corren por la red. Supone tomar nuevos caminos, probar nuevas estrategias que muchas veces pueden dejar evidencias de que no se controla la situación al 100%. Conlleva,a menudo, discusiones, peleas, enfados... a la hora de tomar decisiones. En fin, supone muchas cosas que no pegan demasiado con ese espíritu de buen rollo que se transmite en la red. Así que me temo que el cambio real en los centros, si se da, será de manera transparente a la red; tendremos referencias de él una vez haya concluido.

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Condiciones para el compromiso con el cambio educativo

Como docente me comprometo seriamente con un verdadero cambio educativo siempre que los prescriptores de este cambio:
-    Den tiempo para comprender y asumir el sentido del cambio en el que voy a participar.
-    Permitan poner en cuestión mis hábitos y creencias profesionales sin apresurarme o culpabilizarme.
-    Ofrezcan formación ad hoc seria e intelectualmente rigurosa.
-    Brinden ejemplos reales de los cambios propuestos, llevados a la práctica, sin ocultarme sus carencias.
-    Proporcionen oportunidades para la reflexión profesional, liberándome de lo urgente para abordar lo importante del nuevo contexto.
-    Dejen expresar las disconformidades y las dudas razonables.
-    Involucren en el proceso a los demás estamentos educativos.
-    Cedan la decisión del ritmo de implementación del cambio a los que vamos a llevarlo a cabo.
-    Reconozcan el derecho a personalizar las formas que el cambio adopte en cada entorno específico de trabajo.
-    Valoren las mejoras, incluso si son pequeñas o provisionales.

 

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Ponencia de estudio sobre buenas prácticas y estrategias pedagógicas positivas

En definitiva, un factor diferencial del desempeño laboral en la sociedad del conocimiento con respecto a la sociedad industrial es que exige dosis más elevadas de autonomía y de trabajo intelectual y relacional en una elevada proporción de la población activa. Hay elementos más que suficientes para dudar que el sistema educativo esté preparando adecuadamente en este sentido y de que tenga los recursos e incluso la vocación de hacerlo. Los mensajes en este sentido no abundan y las actuaciones, todavía menos.

Largo y profundo análisis de Ferran Ruiz sobre la sociedad del conocimiento y la necesidad del cambio de modelo educativo. No tiene desperdicio.

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La universidad en tiempos de 'El nombre de la rosa' · ELPAÍS.com

Si quieres cambiar un cementerio, no puedes esperar gran ayuda de los que están dentro

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