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The Copyright Monopoly Is a Limitation of Property Rights

Let’s compare two pieces of property: a chair and a DVD.

When I buy a chair, I hand over money for which I get the chair and a receipt. This chair has been mass-produced from a master copy at some sort of plant. After the money has changed hands, this particular chair is mine. There are many more like it, but this one is mine. I have bought one of many identical copies and the receipt proves it.

As this copy of the chair is mine, exclusively mine, there are a number of things I can do with it. I can take it apart and use the pieces for new hobby projects, which I may choose to sell, give away, put out as exhibits or throw away. I can put it out on the porch and charge neighbors for using it. I can examine its construction, produce new chars from my deductions with some raw material that is also my property, and do whatever I like with the new chairs, particularly including selling them.

All of this is normal for property. It is mine; I may do what I like with it. Build copies, sell, display, whatever.

As a sidetrack, this assumes that there are no patents on the chair. However, assuming that the invention of the chair is older than 20 years, any filed patents on this particular invention have expired. Therefore, patents are not relevant for this discussion.

Now, let’s jump to what happens when I buy a movie.

When I buy a movie, I hand over money and I get the DVD and a receipt. This movie has been mass-produced from a master copy at some sort of plant. After the money has changed hands, this particular movie is mine. There are many more like it, but this one is mine. I have bought one of many identical copies and the receipt proves it.

Despite the fact that this copy of the movie is mine, exclusively mine, there are a number of things that I may not do with it, prohibited from doing so by the copyright monopoly held by somebody else. I may not use pieces of the movie for new hobby projects that I sell, give away, or put out as exhibits. I may not charge the neighbors for using it on the porch. I may not examine its construction and produce new copies. All of these rights would be normal for property, but the copyright monopoly is a severe limitation on my property rights for items I have legitimately bought.

It is not possible to say that I own the the DVD when viewed in one way but not when viewed in another. There is a clear definition of property, and the receipt says I own the DVD in all its interpretations and aspects. Every part of the shape making up the DVD is mine. The copyright monopoly, however, limits how I can use my own property.

La Propiedad Intelectual y sus alternativas: Creative Commons vs Devolución

¿Complementarios u opuestos?

En conjunto, el planteamiento político de Creative Commons es en realidad el opuesto del del Movimiento por la Devolución:

  • Para CC los problemas y costes sociales del monopolio que legalmente sostiene la propiedad intelectual pueden ser corregidos por los propios autores mediante un sistema flexible de liciencias. El sistema no es cuestionado, tan sólo sus extremos. La propiedad intelectual es una opción individual.
  • Para los devolucionistas, la propiedad intelectual es un monopolio legal contraproducente y socialmente costosísimo, un problema político al que sólo la reforma legal y la reducción progresiva de los tiempos de explotación ofrece un horizonte de solución razonable.
  • Para CC la restricción sobre obras derivadas y uso comercial son opciones equilibradas recomendadas a los autores como protección
  • Los devolucionistas licencian sus obras bajo Dominio Público y critican el complejo sistema de licencias de Lessig por suponer un coste extra para la gestión y uso de cualquier repositorio colaborativo en el que bajo CC hay que mirar la etiqueta de cada pequeña pieza antes de utilizarla.

Conclusiones

Sólo la Devolución nos permite un horizonte en el que el par diversidad~innovación no sea alternativo al par cohesión~extensión del conocimiento. Sólo la Devolución genera un verdadero procomún: el viejo y estupendo “dominio público” de la tradición jurídica continental, el gran contenedor del que durante siglos los comunes hemos sacado las piezas con las que participar de la innovación en las Artes, las ciencias y el cambio tecnológico.

Su restauración, refresco y actualización mediante una restricción temporal progresiva de las patentes y derechos de exclusividad otorgados por el estado a las creaciones, es el camino a seguir.

Cuando nos volvimos digitales el copyright dejó de funcionar

Pregunta.- ¿Considera que el concepto de copyright aún es aplicable en nuestro contexto?

Respuesta.- El copyright es un sistema que se inventó para establecer una base económica según la cual la gente pudiera invertir en obras creativas. Pero también era un sistema de control. Se desarrolló de una forma lineal junto con la tecnología. Se aplicó a las partituras impresas de música, se aplicó a las grabaciones, a las pianolas, a la radio, etcétera. Pero en sí, el copyright es un concepto industrial. Implica a la gente que crea la obra, pero también a los que la manufacturan en una forma transferible. La gente compra esa forma transferible y con el tiempo aparecen varias estructuras en torno a eso: discográficas, distribuidoras, sociedades de gestión, vendedores de discos… Toda esta gente hacía funcionar este complejo sistema, hasta que apareció lo digital. Y cuando nos volvimos digitales (el copyright) dejó de funcionar y se empezó a joder.

"En nuestro mundo, al no existir el copyright, la mejor vía para que se reconozca el esfuerzo es enseñarlo" A. Aduriz

“Para los cocineros, es una oportunidad de mostrar el trabajo de todo el año. En nuestro mundo, al no existir el copyright, la mejor vía para que se reconozca el esfuerzo es enseñarlo. Es, además, la ocasión para ver qué hacen los mejores colegas del mundo y, de paso, conocer nuevos productos para nuestros restaurantes”, explica Aduriz

Es curioso. Estoy preparando unos materiales sobre software libre para mi centro y dentro de uno de los puntos que desarrollo está el tema del copyright. Hay un punto en concreto en el que intento rebatir la necesidad de copyright que reclaman algunos, para asegurar la calidad del producto final y la innovación.

Y un ejemplo claro de que eso no tiene por qué ser necesariamente así es el de la cocina. En el modelo de negocio de la gastronomía no existen ni patentes ni copyrights. Cada cocinero describe con todo detalle los ingredientes de cada plato, describe con todo tipo de detalles la receta y explica de manera pormenorizada las técnicas y procesos complejos que ha utilizado en la elaboración. Las recetas se publican, se comparten, se modifican incluso citando muchas veces, sin que sea necesario, de que cocinero o cocinera es el plato que hemos preparado (incluso lo solemos hacer con un punto de orgullo, como diciendo “mira que nivelazo tengo” ;).

Que la creación de cada autor que queda recogida en la receta pueda distribuirse y modificarse de manera libre (yo diría que se cumplen las cuatro libertades del software libre, sin ningún problema) no quiere decir que los autores de la misma no obtengan unos ingresos económicos por el trabajo realizado. Lo que ocurre es que en lugar de ganar dinero con la receta obtienen beneficios de los servicios que ofrecen en sus restaurantes; no es tanto el producto como el servicio lo que genera beneficios en esa industria. A veces obtienen ingresos de la publicación de libros o vídeos que recogen sus creaciones y que ofrecen un valor añadido a lo que son las recetas en si.

Tanto una manera como la otra son modelos de negocio similares a los que se usan en el mundo del soft libre. Las empresas obtienen beneficios de los servicios que ofrecen (Canonical es un ejemplo, como otros muchos) y a veces, de ciertas distribuciones que ofrecen valor añadido al producto (como pueden ser las distribuciones de OpenSuse, por ejemplo).

Es curioso, la cocina vasca está considerada como de las mejores a nivel mundial, nuestros cocineros copan el ranking de los mejores del mundo, nuestras recetas son un ejemplo de innovación y las más clasicas son conocidas en el mundo entero. Hacemos producto de calidad y lo exportamos al extranjero, siendo un sector, que además de prestigio, trae riqueza a Euskal Herria.

Y todo ello sin COPYRIGHTs ni PATENTES de por medio.

Post-Medium Publishing

Publishers of all types, from news to music, are unhappy that
consumers won’t pay for content anymore. At least, that’s how they
see it.

In fact consumers never really were paying for content, and publishers
weren’t really selling it either. If the content was what they
were selling, why has the price of books or music or movies always
depended mostly on the format? Why didn’t better content cost more?

Via Iñaki Arrieta (http://ff.im/8qJwH)