la distancia es ya tan grande entre el entramado educativo (profesores e instituciones) y la realidad del aprendizaje (dónde, para qué y cómo se produce), que el propio sistema se ha convertido en una ficción, cuando no en una farsa
Ayer mismo acabé de corregir los exámenes de mis alumnos de bachillerato y no podía quitarme de la cabeza la sensación de que lo que estaba haciendo no tenía el menor sentido ni valor para mi y, seguramente, tampoco para mis alumnos. Que el aprendizaje de nuestros alumnos apenas les aporta significado es algo que creo que nos damos cuenta muchos profesores dese ahce ya tiempo. Lo que no se hasta que punto nos damos cuenta de que tampoco lo es para nosotros.
Se hace muy complicado dar pasos, intentar evolucionar dentro del sistema educativo actual para integrar nuevos enfoques metodológicos más en consonancia con realidad que vivimos. Es un reto que requiere de un enorme esfuerzo a todos los niveles y frente a eso, en muchos casos, se prefiere seguir con la farsa. Me da que va a resultar muy jodido darle la vuelta a la tortilla.

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