El análisis de las buenas prácticas en materia de tecnología y escuela muestra que uno de los factores más importantes es el maridaje entre el compromiso profesional docente, con un marco institucional favorable y un liderazgo escolar que le apoye. Si realmente se desea que las buenas prácticas se generalicen, el sistema escolar en su conjunto debe ser permeable a la innovación sistémica; es decir, debe contar con herramientas que permitan examinar con realismo en qué tareas o para qué problemas docentes pueden existir soluciones tecnológicas apropiadas, que mejoren la eficiencia del trabajo escolar o, sencillamente, que lo hagan aún más interesante.
Habría que definir primero qué se entiende por buenas prácticas en materia de tecnología. La mayoría de las que se ven por ahí son basicamente formas originales de usar la tecnología. Muy pocas hacen referencia explicita al cambio metodológico que acompaña al uso de la tecnología. Y se pueden contar con los dedos de las manos aquellas que tienen en cuenta aspectos como el de la evaluación.
Siempre que me preguntan si con la tecnología se aprende más respondo lo mismo: la tecnología no debería usarse para aprender MÁS, debería contribuir a aprender DIFERENTE y por lo tanto, debería ir acompañada de una evaluación completamente diferente.
Las buenas prácticas hay que buscarlas en los procesos didácticos, desde el diseño de actividades hasta la evaluación. La tecnología ayuda pero no me parece a mi que debería ser lo primordial.

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