Si cada uno pudiera dibujar de manera clara y fidedigna su "teoría personal de la enseñanza y aprendizaje" y sus "principios para la práctica educativa", la formación permanente podría ser vivida como un camino de desarrollo profesional: cada docente y cada centro podría tomar de la formación permanente aquello que necesite y adoptar las novedades que crea que pueden ayudarle a ser más eficaz.
Pero la realidad es otra: los curriculums vienen ya diseñados, las unidades didácticas nos las traen hechas, las editoriales se encargan de desarrollar ejercicios y actividades... Todo viene ya montado de "fábrica". Al profesor no le queda más que aplicarlo directamente en clase y listo.
En ese modelo de enseñanza el desarrollo profesional "real", no el basado en un modelo de formacción al que sólo se recurre para acumular horas, no tiene cabida. Profundizar en temas relacionados con la pedagogia, la didáctica, la evaluación.... aprender para evolucionar, es algo mal visto, sobre todo si cuestiona planteamientos cocinados en las altas esferas, por mentes "privilegiadas que nunca han pisado un aula.
Cuando desde tu propio centro te dicen que no te consideran lo suficientemente preparado para desarrollar nuestro propio ICP, para desarrollar algo que sea verdaderamente práctico y útil para el profesorado y no los tochos infumables que diseñan "los que saben" automáticamente te están diciendo que no creen en tu capacidad para desarrollarte profesionalemente. Cuando las ikastolas comenzaron a desarrollarse allá por finales de los sesenta, el tiempo dedicado a analizar aspectos relacionados con la práctica docente era bastante mayor que el que dedicamos ahora. Desde que ese trabajo viene ya hecho y enlatado desde la Federación, apenas le dedicamos tiempo a eso.


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